Anticorrupción, a media

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Se ha puesto en marcha el Sistema Nacional Anticorrupción.

Y lo hizo a medias. Rengo, cojo o manco. Sin las extremidades necesarias para caminar y articular como debiera, como esperamos los mexicanos que lo haga para terminar o minimizar un mal que pudre a buena parte de la sociedad mexicana.

Que tengamos un Sistema Nacional Anticorrupción que para efectos reales no sirve, no debería extrañarnos. Así se han creado docenas de instituciones y leyes en México, porque queremos encontrar en la imposición de reglas el remedio de nuestro estado, pero la sociedad mexicana vive de manera permanente ensayando soluciones nuevas, reformas legales por aquí y por allá, sin persistir y, lo que es peor, sin la colaboración del grupo gobernante, cualquiera que sea su filiación política.

El Sistema Nacional Anticorrupción lo comprueba: la cúpula política no quiso nombrar a un fiscal anticorrupción, porque antes de la lucha contra la corrupción están los intereses partidistas o de grupo. Antes de buscar y encontrar a un mexican@ prob@, rect@ y honrad@ para que se haga cargo de la lucha contra la deshonestidad gubernamental y pública, prefieren que el sistema arranque desdentado, superficial e insustancial.

México vaga a la deriva. Desde hace mucho tiempo. Lo que sucede ahora con el Sistema Nacional Anticorrupción solamente lo confirma.

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