Buenos deseos

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Con el inicio del año se acostumbra expresar toda clase de deseos positivos. No necesito repetirlos, porque seguramente mis finos e inteligentes cuatro lectores saben perfectamente a qué me estoy refiriendo.

A esta práctica personal tan bonita y cortés, se ha sumado la de enviar felicitaciones digitales de todo tipo. Desde luego, las que mediante un texto preparado para tal efecto se envían a todos y cada uno de los contactos de WhatsApp, Telegram, Messenger, SnapChat, y cuantos servicios de mensajería instantánea existan. También se felicita a los “amigos” en Facebook y a los “seguidores” en Twitter, en texto y mediante imágenes preparadas ex profeso…

No sé si sea cosa del arriba firmante, pero esta vez las felicitaciones más socorridas han llegado en formato de video o gif —un formato de imagen animada—. Incluyendo los “borreguitos de la abundancia”, de los que para mi buena fortuna he recibido varias docenas —hasta llegar a pensar que bien  podría instalar una granja—. Junto con los borregos llegaron también varios modelos de avión, que mis cuatro lectores no me dejarán mentir que aterrizaron con singular alegría en nuestras pantallas.

Naturalmente se agradecen todos los buenos deseos y mediante cualquier formato.

Pero cuando la gente piensa, como el arriba firmante, que el tiempo ni se detiene ni tiene plazos —a pesar de que los seres humanos le pongamos medida—, lo mejor es desear que sigamos en la lucha denodada del día a día, sin descanso y sin cejar en la búsqueda de aquello que nos mueve hacia adelante —felicidad, amor, dinero, esperanza y un largo etcétera—. Eso es lo que les deseo a mis cuatro lectores: que sean incansables en pos de sus sueños, sin importar ciclos o lapsos.

Y es cuanto.

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