Diluvio

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Hasta hace poco tiempo, las inundaciones en las zonas urbanas del estado de México —y también del país— era producto de “lluvias atípicas”.

Pero como ya nadie cree que haya lluvias atípicas en época de lluvias —lo atípico sería que hubiera sequía—, ahora a los servidores públicos que deben explicar porque se inundó la colonia Fulana de Tal o el fraccionamiento Perengano o el antiguo barrio Mengano, alimentan el discurso de que llovió como nunca antes había llovido. Cayeron decenas de miles de litros de agua, describen, como si hubieran contado cubeta por cubeta. La lluvia fue de docenas y docenas de milímetros, aseguran, como si trajeran el pluviómetro en la mano.

Nomás les falta asegurar que no había llovido así desde el famoso diluvio universal.

Y que ya se trabaja en el armado de un arca, como la de Noe, que se está fabricando en unos astilleros ubicados en Galicia. Desde luego, gracias a una licitación que ganó alguna firma española, de esas que son las favoritas de la actualidad.

O que los chinamperos de Xochimilco se convirtieron en emprendedores y tienen a la venta casas flotantes para esta y otras temporadas pluviales, con su debida aplicación de consejos de sobrevivencia.

Pero de regular los asentamientos humanos o de contener el crecimiento de la mancha urbana, ni hablar.

Si seguimos como vamos, el año próximo le echarán la culpa a los fundadores conocidos de las ciudades, por haber elegido lugares de tanto riesgo de  inundaciones.

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