El lenguaje emocional de los gatos es complejo

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Estudios recientes aseguran que a los gatos les gusta convivir con los humanos.

Contrario a lo que se ha creído durante años, recientes investigaciones han demostrado que a los gatos les gusta la compañía de los humanos, saben cuándo estamos contentos, son sensibles, sienten celos, alegría, ansiedad y se preocupan por sus dueños, aunque lo demuestran de otra manera.

 

El problema reside en que a diferencia de los perros, fáciles de entrenar, con los gatos es más complejo. Esa es otra de las causas por la que las investigaciones sobre su mundo emocional son menores que las realizadas con otros animales.

 

Como mamíferos que son, los gatos tienen en su cerebro todo lo necesario para sentirlas. Todos los mecanismos, estructuras cerebrales y neurotransmisores requeridos para experimentar emociones similares a las nuestras. No serán idénticas pero eso no significa que no existan.

 

La prueba más evidente de que los gatos sienten emociones se evidencia en el contexto de la maternidad. El comportamiento de una gata hacia sus pequeños durante este periodo está cargado de evidencias de empatía, los cuales solo pueden estar motivados por sentimientos afectivos y de preocupación por su descendencia, respuestas imposibles sin la existencia de emociones.

 

En lo que se refiere a su interacción con los humanos, el periodo de socialización crítico de los gatitos sucede entre las semanas 2 y 7 aproximadamente. Si son estimulados socialmente, al final de esta fase ya son capaces de establecer lazos con humanos y reconocerlos. Es decir, te aceptan como su compañero. Una idea que no ha calado en la sociedad pero que derriba el mito de que viven con nosotros por interés, como demostraron Eileen Karsh y Dennis Turner en una serie de estudios en los años 80.

 

Cuando se crea este lazo están pendientes de nosotros. El investigador húngaro Ádám Miklós, descubrió que, al igual que los perros, los gatos entienden señales humanas, como dónde señalamos o qué miramos. Según los resultados extraídos de la investigación llevada a cabo por Moriah Galvan y Jennifer Vonk, los gatos también leen las caras de sus amigos humanos y extraen información observándonos. Los gatos detectaban las emociones pues se acercaban más sus amigos cuando se mostraban felices que cuando fingían estar enfadados. Es decir, reaccionaban solo si eran caras familiares. Probablemente hubieran respondido de manera más intensa en sus casas, teniendo en cuenta lo sensibles que son a los cambios de ambiente repentinos.

 

El etólogo Warren Eckstein cree que los gatos puede que no reaccionen de la manera que esperamos que se comporte alguien que siente amor o tristeza.

 

Así que los problemas no son ellos sino nosotros. El problema es nuestra ignorancia e incapacidad para entenderlos pues los gatos también pueden llegar a ser los mejores amigos del hombre.

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