Lo visual

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Esta es una época en donde la cultura visual impera. Lo anticipó ya hace algunos años el politólogo italiano Giovanni Sartori al referirse a la televisión como medio preponderante de la comunicación humana y como fuente de información de la sociedad del mundo mundial.

La imagen, sentenció el politólogo, es la portadora de la verdad. Si lo veo, lo creo.

Transpolar la aformación de Sartori al video es natural y lógico. El video es el rey en las redes sociales: lo que veo es la realidad —aunque a veces haya mucha ingenuidad y credulidad—. Nadie puede tener duda de eso.

Pero Sartori dice también que las imágenes anulan los conceptos y al limitarnos a creer lo que vemos, disminuye la capacidad de abstracción y, agrega que con eso se anula la capacidad de entender del ser humano.

A lo que voy es a preguntarme por cuánto tiempo más serán los videos nuestra principal fuente de información, y por cuánto tiempo más los consideraremos completamente confiables.

No dudo de su importancia ni de su utilidad, especialmente en temas públicos de interés periodístico, como el caso Odebrecht, en el que hemos visto cómo un exdirectivo de la constructora brasileña acusa a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, de recibir sobornos y dinero para la campaña presidencial del presidente Enrique Peña.

Lo que señalo tiene que ver con la rapidez con la que nos agotamos de cierto tipo de contenidos. ¿Hay quien se acuerde hoy de los lords y ladies, que nos entretuvieron durante muchos meses? Sigue siendo video, impensable negarlo, pero fue simple entretenimiento. Ahí está mi otra interrogante, porque quisiera pensar que los videos tienen un valor social y legal, más allá del entretenimiento y el escarnio.

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