¿Nosotros mojigatos y ellas puras?

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Me disculpo por adelantado: lo más probable es que el arriba firmante sea un desadaptado. O que en algún momento se me hayan olvidado los altos preceptos del Catecismo del Padre Ripalda o los valores de recato y pudor que se desprenden del Manual de Urbanidad y Buenas Maneras escrito por don Manuel Antonio Carreño —mejor conocido como el Manual de Carreño—.

Una vez ofrecidas mis más amplias disculpas, planteo la siguiente pregunta: ¿no será que en estas tierras mexiquenses somos demasiado mojigatos? —Mojigato: dícese de aquel que muestra exagerados escrúpulos morales o religiosos—.

Lo digo porque se ha puesto el grito en el cielo por dos episodios de la vida local. El primero, en el que en una universidad en Ixtlahuaca los jóvenes decidieron celebrar el día de las madres con algunos bailes voluptuosos y sugerentes, como en calidad de estrípers. El segundo, cuando un político decidió llevar a unos estrípers a una celebración del día de las madres en Ecatepec.

Las imágenes que pude ver, muestran que las sacrosantas madres de familia presentes no le hicieron asco a los jóvenes bailarines en Ixtlahuaca. Más bien, pude ver algunas sonrisas malcontenidas. Y en el caso de Ecatepec, el jolgorio fue más evidente y manifiesto.

Es decir, las mujeres presentes en ambos actos se notaban alborozadas, ruiseñas y me atrevería a decir que hasta jocosas.

Luego entonces: ¿por qué los demás lanzan alaridos de disgusto y contrariedad? ¿No será que somos demasiado santurrones? ¿O es que porque para el mexicano las madres antes que mujeres son puras e ingenuas? Son preguntas…

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