Oxitocina, la hormona del amor, tiene su lado oscuro

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Al favorecer la liberación de otras sustancias la oxitocina puede llegar a actuar como una droga para nuestro cerebro e incluso hacernos perder el norte debido a ese cóctel de sensaciones que nos genera. Pocas palabras representan algo tan intenso, puro y mágico a la vez biológico y emocional como la oxitocina.

Oxitocina (Foto: EcuRed).

Se la conoce como la hormona del amor, la molécula de los abrazos, la química de la felicidad y también de la crianza.

No podemos olvidar, por ejemplo, la importancia que tiene la oxitocina a la hora de dar a luz, de iniciar la lactancia o de construir ese vínculo de apego tan intenso entre madre e hijo que, sin duda, es clave en nosotros y en gran parte de los mamíferos.

Todo ello ha hecho que esta hormona producida en el hipotálamo y secretada por la glándula pituitaria posterior se alce como una de nuestras favoritas porque, en sí misma, es la esencia química del amor.

Sin embargo… ¿Y si te dijésemos ahora que la oxitocina esconde un lado no tan bueno, no tan saludable e incluso inadecuado para nuestra integridad emocional?

Estamos seguros de que este tema te va a interesar. A continuación, te ofrecemos más datos sobre esta hormona para que tengas una visión más completa sobre ella.

Si has vivido una relación afectiva basada en la dependencia, en esa pasión que emborrona identidades y prioridades, que nos hace cautivos el uno del otro, olvidando aspectos esenciales de nuestra vida, debes saber que estabas bajo los efectos más oscuros de la oxitocina.

Puede parecer una metáfora fácil, una similitud algo simplona, pero los neuropsicólogos no dudan en comparar este tipo de enamoramiento con una borrachera.

Y es que es casi como quedar ebrios de una “sobredosis” de oxitocina, como volvernos dependientes de un amor que duele, pero del que no podemos liberarnos.

Sabemos que cuando estamos enamorados, nuestro cerebro libera una mágica combinación de dopamina, serotonina, noradrenalina…

Gracias a estos neurotransmisores sentimos más energía, más pasión, más ganas de experimentar.

Sin embargo, es la oxitocina la que media en todo ello, ella quien favorece la liberación de estas sustancias químicas donde, además, aparece otra aún más intensa: la feniletilamina.

Este compuesto químico endógeno pertenece, para nuestra sorpresa, a la familia de las anfetaminas, y suele durar con gran intensidad en nuestro cerebro alrededor de unos 4 años.

Ello explica en ocasiones el porqué de esa primera época de pasión intensa, ahí donde somos como satélites dando vueltas alrededor de un planeta, incapaces de ver nada más.

Es algo normal, un estado donde, eso sí, jamás deberemos perder esa brújula interna para recordar dónde está nuestro norte. Nunca deberemos olvidarnos de esa integridad, a pesar de sentirnos “ebrios” debido a esa fantástica sustancia llamada oxitocina.

Con información de: informe21.com

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