Efímero

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Discutimos, discutimos sin cesar. Sin llegar a nada. Hay mucho ruido en medio de la emergencia que viven Oaxaca, Chiapas, Morelos, la Ciudad de México, Puebla, estado de México, Tlaxcala y Guerrero. Tantos y tantos que opinan, tantos y tantos que buscan responsables, muchos que quieren buscar culpable de todo, y para todo.

Los gobiernos tienen responsabilidades, también algunos particulares y funcionarios públicos, que deberán responder por haber autorizado construcciones evidentemente frágiles o por haber omitido el cumplimiento de sus funciones. Las administraciones públicas, en el ámbito de sus actividades, deberán garantizar en el futuro cercano techo y comida para los damnificados.

Pero con nuestras propias filias y fobias lo discutimos casi de manera permanente. Buscamos tener la razón y condenar a alguien. Sin movernos de nuestro mullido sillón o la comodidad de la pantalla. Y lo que es peor: sin mostrar pensamiento crítico y creyendo todo o casi. Convirtiendo la tragedia en un espectáculo multimedia, acomodando las explicaciones que mejor se ajusten a nuestra línea de pensamiento.

Ahora hasta los partidos le sacan raja al drama. Le apuestan su financiamiento público a las elecciones de 2018. Sin recato, ataviados de solidaridad, para evadir cualquier señalamiento, pero en busca de la simpatía.

Ni hablar de las disputas entre organizaciones que, como los topos, pelean un membrete, el reconocimiento y el dinero. O los que con gritos y sombrerazos pretenden ser los vengadores del pueblo.

O los que creen que estaremos unidos por la tragedia y, por lo tanto, hay que alargar la tragedia cuanto sea necesario.

Perdemos el tiempo. Los enconos se asoman en la discusión perenne. Ojalá me equivoque, pero le doy un par de semanas más a la unidad nacional.

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