Semos o no semos

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La verdad no entiendo: ahora que van a ejecutar a un mexicano en Texas, sentenciado por haber violado y asesinado a su prima de 16 años, hay molestia porque le negaron un acto de clemencia que consistiría en posponer la aplicación de la pena capital.

No entiendo la molestia por una sencilla razón: en México hay mexicanos que se pronuncian a favor de aplicarle la pena de muerte a secuestradores y homicidas. Si la mejoria no me falla, fue incluso una propuesta electoral de un partido político. Y más allá de la palabrería política, hay mexicanos que creen que se debería aplicar la pena de muerte.

Pero cuando se trata de un caso como el que refiero, la corriente avanza en sentido contrario: que no se aplique la pena de muerte.

O semos o no semos.

En 2015, en Estados Unidos 28 reos fueron ejecutados. En 2016 la cifra fue de 20, la misma cifra que lo que llevamos de 2017. 67 de los ejecutados en el transcurso de estos últimos tres años han sido varones y sólo una mujer, en 2015.

Y la pena de muerte no ha logrado detener la comisión de delitos graves en la Unión Americana.

Aclaro que el arriba firmante no es partidario de la pena de muerte. Eso no remedia ni compensa el delito cometido. Tampoco soy partidario de que se eleven las penas de prisión hasta alcanzar sentencias estrafalarias de mil años —como la que acaben de aplicarle a un expolicía en el estado de México— de prisión, que nadie está en posibilidad de cumplir.

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