Sergio Flores triunfa en Fábrica María

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Las plazas de toros tienen un aroma especial. Y cuando esa esencia aparece, aunque sea una minucia, se hace la magia.

Un poco de ese frasco de seducción se destapó la tarde de este martes en Fábrica María, cuando el tlaxcalteca Sergio Flores hilvanó tres derechazos a Protagonista del fierro mexiquense de Real de Saltillo. Pero dicen que de lo bueno poco, porque aunque Flores exhibe un sitio impresionante, hizo una faena de chispazos en la que dejo entrever la calidad que tiene y que lo ha llevado a disputar los honores a las grandes figuras de la tauromaquia de dos continentes.

La histórica plaza, llena hasta el cerro (Foto: Especial).

Esa fragancia de torero bueno fue suficiente, con un estoconazo en todo lo alto después de pinchar en hueso, para que el juez Jesús Morales le concediera una oreja en su segundo. Así, Sergio Flores se convirtió en el triunfador del tradicional festejo decembrino de Fábrica María, en el municipio de Otzolotepec.

Nada más que decir. A su primero, un novillote al que el ganadero bautizó como Contreras, con supuestos 500 kilos en los lomos, no lo quiso ni ver. Un negro con una cornamenta cómoda, pero aspero con el capote y desarrollando sentido, que terminó noblote y hasta bobo, al que Flores le hizo la faena de puro compromiso, porque le hacía gestos de contrariedad al animal que hizo cosas de manso durante la lidia.

Sergio Flores muestra mucho sitio (Foto: Especial).

Estocada entera en buen sitio, que confirmó que el tlaxcalteca está en un extraordinario momento. Pero cuando hace falta el material… Recibió aplausos después de un certero descabello.

La tarde comenzó con un Ignacio Garibay nervioso, con rasgos de desasosiego que se notan en la faena, especialmente a la hora de matar.

Garibay estuvo pesado con el acero (Foto: Especial).

Garibay se siente torero ya pocas tardes: esta vez se animó al son del pasodoble que la plaza llena pedía para acompañar al torero capitalino, pero en el pecado llevó la penitencia, pues de tantos derechazos que al compás de la banda se comió Trosilero, un cárdeno de buena presencia, al final al burel le faltó fuerza, lo que derivó en que Nacho le dejara medio espadazo que fue insuficiente para que el rey de la fiesta cayera. Así que Garibay se puso pesado con la espada y tras media docena de descabellos —se nota que le falta practicar— se volvió a tirar a matar por derecho… Y le pegó un estoconazo. Que de haberlo hecho en la primera oportunidad, le hubiera valido para obtener un premio. Pero no.

A su segundo, Cartelero, herrado con el número 116, y el más bravo del encierro que mandó Carlos Peralta, Ignacio Garibay sólo acertó a darle pases aislados. A pesar del buen lado derecho del astado criado en Pastejé, estuvo sin hilvanar una faena, enmendando terreno entre pase y pase, para terminar entre gritos de “toro, toro” después de un pinchazo, media estocada tras un bajonazo, una media tendida y dos avisos tras varios descabellos. El toro se aburrió tanto como el matador, que terminó echándose para recibir la puntilla. No obstante, recibió aplausos de un público generoso.

La fragancia del toreo se compone de entrega y pasión, la esencia de la que se compone el hechizo de un pase es más difícil de lograr porque es resultado de la comunión de toro y torero. Sergio Flores hizo el embrujo, prestidigitador armado de su muleta. Y la gente salió satisfecha, respirando el encanto de un pase prendido en la retina.

Resumen del festejo

Plaza “Silverio Pérez”, Fábrica María, Otzolotepec, estado de México.

Lleno hasta el cerro. Mil 500 asistentes.

Toros de Real de Saltillo (Amarillo, morado y naranja): Desiguales en presentación, destacando el tercero, bravo y dócil. Toros chatos en muchos sentidos. El segundo con cara de novillote.

Ignacio Garibay (Salmón y oro). Aplausos tras aviso y aplausos tras dos avisos.

Sergio Flores (Perla y oro) Aplausos y una oreja.

Cuadrillas: destacan dos buenos pares de Christian Sánchez, exponiéndole como siempre, al primero de la tarde. Al resto, claramente les falta aprender y tener el valor que se requiere para ponerse delante de la cara del toro, especialmente a la hora de banderillar. Los de a caballo, extraordinario puyazo al cuarto de la tarde.

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