Temblor y espectáculo

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Después del espectáculo que por el temblor encabezó Televisa, a través de la cobertura del supuesto rescate a una niña atrapada en los escombros de una escuela, ahora se hace lo mismo con la invitación a programas de televisión de entrenadores y perros de rescate.

Durante tales transmisiones se ha exhibido a los animales con un enfoque humano en su contribución a localizar personas, más que al resultado de su entrenamiento.

Con base en el Programa de Manejadores de Perros de Búsqueda y Rescate, a cargo de la UNAM, los perros entrenados deben capaces de detectar cuatro olores: de una persona ahogada, del hueso humano quemado, del estrés y de la putrefacción de un cadáver.

Esto les significa tanto a entrenadores como perros meses o años de preparación lo mismo que se requiere de diversos gastos y recompensas para que los caninos respondan.

No es pues compasión o sentido humano que los perros rescatistas funcionan; es su misión u obligación. En cambio, el enfoque humano que se les da es una a su labor es una vieja estrategia de captar la atención como sucedió con la inexistente Frida Sofía.

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