Un diálogo

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No hago ninguna aportación significativa si digo que la prensa en México, como en el resto del mundo, vive una suerte de crisis.

Sí, el internet, las redes sociales, la televisión como principal medio de información, y varios factores más están en juego. Pero mucho me temo que una de las razones por las que esta crisis existe es porque la prensa mexicana —la del resto del mundo tendrá sus razones— sólo dialoga con el poder político y económico.

Esto se me ha hecho más visible a raíz de la unción de José Antonio Meade Kuribreña como precandidato priista a la presidencia de la república.

Ya lo comenté antes. Es esta onda del destape del tapado, a José Antonio Meade le han aparecido cualidades que ni él ni nadie más sabía que tenía.

Algunos de esos elogios han sido desmesurados. Quemarle incienso al candidato, al ungido, es una práctica común en la política mexicana. Pero de tanto incienso, ya debe estar chamuscado. O mareado.

Pero al mexicano de a pie, el que forma parte de la mitad de la población que vive al día, seguro le interesa más que al subirse al autobús no le vayan a robar el celular que si el precandidato Meade —Pepe, pa sus más aduladores fanáticos— dijo lo que haya dicho o si era una lumbrera desde el jardín de niños —y una maestra octogenaria recuerda que desde chiquito quería ser presidente—.

Sin embargo, la agenda de la prensa se concentró en el precandidato priista, como si fuera el único tema de interés nacional. Y los contenidos se vuelven, en el mejor de los casos, en un diálogo con la contada clase política.

Luego no se pregunten por qué despiertan más interés los videos de gatitos.

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