Desarrollado por científicos de este centro universitario, y financiado por la NASA, este programa permite encontrar los meteoritos de una forma rápida y certera gracias a reunir la información de una red de radares.
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Para los científicos, la caza de los meteoritos que cruzan la atmósfera terrestre y la posterior localización de sus fragmentos tras llegar al suelo del planeta se ha vuelto un objetivo sobre el que se ha avanzado un gran trecho gracias a una nueva herramienta.
A simple vista no se puede ver un meteorito hasta que está a una distancia aproximada de 100 kilómetros de altura del suelo terrestre y debido a que emite una luz brillante mientras desciende por la atmósfera. Cuando el meteorito llega a una distancia de unos 25 kilómetros de altura y hasta tocar el suelo esa luz desaparece, en una fase conocida como “vuelo oscuro” y que dificulta el poder ubicar el lugar exacto donde ha caído de acuerdo a su trayectoria.
No obstante, el programa de RADARMET, que utiliza 160 radares del Sistema Nacional Meteorológico de EEUU, permite seguir la trayectoria del meteorito cuando se encuentra en su fase de “vuelo negro”, es decir cuando es invisible al ojo humano, y así dar con “el lugar exacto donde el meteorito ha caído”, aseguró el científico.
Marc Fries, científico en el Centro Espacial Johnson de la NASA y Tanner Campbell, ingeniero aeroespacial y de mecánica graduado de la UA, forman parte también del programa de RADARMET y afirman que los radares pueden detectar prácticamente cualquier tipo de movimiento, incluyendo la lluvia, pájaros, aviones y, claro, los meteoritos.
Señaló que son de ayuda los reportes de la Sociedad Americana de Meteoros, donde miembros de esta comunidad constantemente publican el lugar, la hora y la dirección donde han visto caer un meteorito, así registros de videos y fotografías del evento.
El equipo de RADAMERT les responde colocando en su página el lugar donde ha caído el meteorito, según la información que han obtenido, e iniciando así una nueva “cacería” de meteoritos entre aquellos que están dispuestos a buscarlos, tanto gente común como científicos.