A la busca de un liderazgo

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Cierto día el rector de la Universidad Autónoma del Estado de México, Carlos Eduardo Barrera Díaz, dijo que la elección de su sucesor o sucesora es un proceso universitario, no político. Y pidió evitar las descalificaciones.

Me parece muy bien. Aunque en el entendido de que se trata de la elección de la persona que va a dirigir la universidad pública más importante del estado de México es y será un proceso político, simplemente porque se trata de un asunto público… que no debiera ser partidista, eso sí, pero nadie puede garantizar que los políticos profesionales —y hasta de los partidos políticos, militancias y dirigencias— cedan a la tentación de inmiscuirse en este proceso. Además, es un acontecimiento de interés de la sociedad.

Y que debiera ser un proceso de altura política, sin duda, aunque no parece que vaya a ser así, porque antes de iniciar la disputa, al propio rector Barrera lo han acusado de favorecer a una persona, cosa que al arriba firmante no le consta, pero que es muestra de que hay interés, efervescencia y descalificaciones aún antes de empezar formalmente con la elección.

No es para menos, la Universidad Autónoma del Estado de México tiene lustre y prestigio, aunque se haya quedado estancada… Hace cuatro años, en el cuarto y último informe del entonces rector Alfredo Barrera Baca se consignó que la UAEM tenía 91 mil estudiantes. Hoy la matrícula es de 96 mil, un pingüe crecimiento de cinco mil alumnos en cuatro años. Y si descontamos a quienes son alumnos de escuelas incorporadas —es decir, alumnos de terceros— la cifra es menor. Pero no nos metamos en honduras.

La Universidad Autónoma del Estado de México atiende a 4 por ciento de los jóvenes preparatorianos de todo el estado —23 mil de 689 mil— y 12 por ciento del total de estudiantes de nivel licenciatura —68 mil de 506 mil—. Las estadísticas muestran un periodo de cuatro años en donde la matrícula no creció ni disminuyó, sino todo lo contrario.

Por eso cuando el actual rector de la UAEM dice que espera que los y las aspirantes a sucederlo digan cómo van a posicionar a la Universidad Autónoma del Estado de México en el ámbito estatal, nacional e internacional, tiene razón. Hay, de fondo, una necesidad imperiosa de crecimiento y desarrollo, después de un periodo templado, para decirlo de forma elegante. Se frenó el crecimiento, lo que hace pensar en modificar la inercia.

Para que sirva de referencia, la Universidad de Guadalajara tiene 140 mil alumnos y la Universidad Autónoma de Nuevo León 220 mil. Jalisco y Nuevo León son nuestro referente en términos económicos, no poblacionales, y sus universidades públicas son más grandes en términos numéricos y supongo que también en presupuestos.

En El Sol de Toluca aparecieron en estos días los nombres de algunos de los aspirantes. Algunos más conocidos que otros. Algunos confiables, en opinión del arriba firmante, otros no… Algunos con carrera, otros hechos al amparo de la burocracia universitaria. Cada uno con sus méritos. Y todos entre normas de un proceso que parece querer controlar la administración universitaria (como aquello de las entrevistas) que va de salida.

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