Ahora la campaña en el WhatsApp

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Todos los que tenemos alguna aplicación de mensajería instantánea en el teléfono, varios millones en México, somos parte de algún grupo de trabajo, amigos, familia, vecinos, o de aficionados a alguna disciplina.

A través de estas aplicaciones compartimos docenas de mensajes.

Sólo a través de WhatsApp recibimos un promedio de 55 diarios, según la compañía que maneja esta aplicación.

Algunos de estos mensajes son francamente inútiles.

Pero los mexicanos somos tan timoratos con el rechazo, que nadie se queja del usuario que envía videos al por mayor, todos igual de insulsos. Del que comparte memes sin parar, o del que manda mensajes para que hagamos una vida mejor. Y menos nos quejamos si ese grupo tienen que ver con la familia o el trabajo. No vaya a ser que terminemos en calidad de groseros o antipáticos.

Ahora, aprovechando ese gesto tan mexicano de no saber decir que no, algún asesor políticos de altos vuelos debe haber sugerido que la militancia y la burocracia de los partidos políticos dedique parte de su tiempo y esfuerzo a repartir a diestra y siniestra los mensajes en favor de su candidato y en contra de los adversarios.

No bastó con saturarnos con los 11 millones de anuncios de los ahora candidatos en los últimos 60 días. Ahora nos envían de manera personalizada los mensajes hasta nuestro teléfono celular.

Amparados en la laxa y relajada legislación para la protección de datos personales, los partidos políticos aprovechan para divulgar las habilidades y destrezas de sus candidatos a través de las aplicaciones de mensajería. Que también son usadas para denostar e injuriar a sus opositores.

Pues les tengo una noticia a los sesudos asesores. Y a los que hacen campaña en WhatsApp, Telegram o Messenger: las más recientes encuestas —una de ellas de la firma Parámetro— indican que más de un mes de que comiencen las campañas electorales en serio, 40 por ciento de los electores ya decidió por quien votará, de modo que muchos mensajes caerán en el vacío. Y existe un 73 por ciento que sabe perfectamente por quién nunca votaría.

Luego entonces, las campañas estarán destinadas a convencer a una porción menor de  electores. Para eso, los candidatos tendrán 60 días, 40 millones de anuncios, un tope de gastos de 429 millones de pesos. Y un ejército de simpatizantes o militantes que desde ya amenazan con volverse una calamidad para tus conexiones digitales.

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