El ciclo de la decepción

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Me preguntaron si pensaba que algún presidente o presidenta municipal, síndico, regidor, tesorero o director de algún municipio del estado de México sería castigado por el estado financiero y administrativo en el que quedaron los gobiernos municipales al cierre del trienio 2019-2021. Contesté que no.

Sin importar el partido al que pertenezcan, la llamada “clase política” se protege solidariamente. Los casos en los que algunos ediles han terminado en la prisión han sido por temas penales, no por faltas en la conducción y manejo del aparato gubernamental. Hasta pareciera —es especulación mía— que hay un pacto no escrito de impunidad y protección.

Una cosa es el ser y otra el deber ser. Discusión en la que, por cierto, el arriba firmante no se va a meter porque el debate lleva algunos siglos sin conducir a nada en concreto.

En donde sí me meto es en la idea de que el fin y el principio de un ciclo cambian las cosas por obra y gracia de algo mágico. O casi. El eterno comienzo, que describe el polítólogo Ugo Pipitone.

Ya sabes: se fueron los malos, lo que no servían, los que dejaron todo hecho un verdadero desgarriate y llegaron los buenos, los que sí saben cómo hacerlo, los que nos van a saca del agujero. Y así, lamentablemente, cada tres años. O cada seis, según corresponda. Al paso del tiempo, la esperanza se va diluyendo en forma directamente proporcional a la falta de resultados y el ciclo se repite. Salvo casos excepcionales.

Ahora mismo en el caso de la mayoría de los ayuntamientos mexiquenses estamos viviendo el inicio de ese círculo en el que nuestra fe e ilusión estan depositadas en una nueva administración. Otros nombres y otras caras —a veces las mismas, pero les descubrimos virtudes— en las que regeneramos la creencia de que la renovación por sí misma será suficiente para traer un periodo de progreso, avance y prosperidad. Igual que hace tres años.

Desde luego, algunos gobiernos municipales aprovechan el momento para acreditarse y extender la luna de miel. A veces sin recursos, pero con la herramienta de la buena política —y la imaginación— que les permite emprender acciones en pro de las comunidades a las que van a servir durante 36 meses.

En otros casos, el mismo día en el que inician los gobiernos empiezan los pretextos para dormirse en sus laureles. Y culpar a sus antecesores de todos los males, irremediables. O inventar complots o venganzas políticas o urdimbres en las que son las víctimas de quién sabe qué intereses contrarios a sus inocentes, ingenuas y bienintencionadas personas.

El camino a la decepción comienza en muchos casos. Ojalá que sean pocos.

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