Bicicleta pública

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Esta semana volvió a la carga el tema del sistema de bicicleta pública de Toluca, que fue bautizado como Huizi.

Sus promotores y defensores dicen que corre el riesgo de dejar de operar. La amenaza, dicen, es un adeudo del ayuntamiento de Toluca con los proveedores de sistemas y tecnología del sistema.

Su preocupación no es la escasa penetración del sistema de bicicleta pública, con sólo 336 usuarios registrados, o la errada ubicación de sus estaciones. Tengo que decirlo: me llama la atención que se preocupen tanto porque exista un adeudo y no por las evidentes fallas del sistema.

Yo me pregunto si Toluca necesita un sistema de bicicleta pública que promueve formas alternativas de movilidad. Y me respondo que sí, tajantemente que sí. Pero también me pregunto si el sistema que se necesita es el que tenemos y digo que no, rotundamente que no.

El sistema Huizi está enclavado en un perímetro de 2.6 kilómetros. Es el centro de la ciudad y sólo el centro. Esa es una de sus debilidades.

La otra es que desarrollar un sistema de bicicleta público requiere socios interesados en hacerlo crecer y tal vez ganar dinero, pero no vendiendo licencias, programas de cómputo o mantenimiento, sino rentando bicicletas. En la ciudad de México, el sistema similar a Huizi lo opera Smartbike con la marca Ecobici, no el gobierno de la capital, y el negocio de Smartbike en 15 ciudades de 8 países es rentar bicis y vender publicidad. Y así ocurre en muchas otras ciudades en el mundo, donde nadie se asusta de que un gobierno municipal se dedique a la administración pública y las empresas a prestar un servicio. Y donde nadie pide que un gobierno preste un servicio de bici pública que puede ser muy útil, pero no se inscribe entre las prioridades.

Repito: ¿necesitamos un servicio de bici pública? Sí ¿El que tenemos es el que necesitamos? En mi opinión no.

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