El PRI del estado de México, que conduce Carlos Iriarte Mercado, se encuentra ante un escenario electoral comprometido.
Sendas encuestas, una de El Universal, diario cuya posición editorial es de centro, muchas veces afín al gobierno, y otra del diario Reforma, un rotativo inclinado ideológicamente a la derecha, muestran que hay un amplio rechazo hacia el triclor, partido que ha gobernado de manera ininterrumpida el estado de México desde hace 87 años. Desde el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario, fundado en 1929, y hasta la fecha, el Poder Ejecutivo del estado ha quedado en manos del tricolor.
Las cifras coinciden: 37 por ciento de los ciudadanos que respondieron a los encuestadores —36.4 en el caso de El Universal, 37 en el caso de Reforma— afirman que nunca votarían por el PRI.
El partido del que emanó el gobernador Eruviel Ávila es el más rechazado por los ciudadanos.
Pero no sólo se trata de una expresión de rechazo, sino de un sentimiento o aspiración de cambio que parece extenderse: una cifra de entre seis y ocho de cada 10 ciudadanos piensa que el partido de Alfredo del Mazo, Ana Lilia Herrera, Carlos Iriarte, José Manzur, Carolina Monroy, Ernesto Némer y los que se acumulen, debería dejar el Poder Ejecutivo estatal.
Aún así, el PRI está al frente de las tendencias electorales. Y sin que haya por delante algún asfuerzo por capitalizar el rechazo o el sentimiento de cambio.
Mucho dependerá de la decisión que tome el tricolor sobre su candidato o candidata, porque para nadie es un secreto que los ciudadanos votan hoy por la persona y después por el partido.