Dado al catre

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Confirmen mis estimados cuatro lectores: ¿la puerta de entrada a Toluca es el Paseo Tollocan?

Digo, tiene otros puntos de acceso por el norte, sur y poniente de la ciudad, pero al arriba firmante le parece que el más emblemático en el Paseo Tollocan —o Tolocan, que la discusión viene desde hace rato—, tal vez porque conecta a la capirucha mexiquense con la Ciudad de México.

Zanjado el punto, en el que doy por hecho que mis siempre atinados cuatro lectores coinciden con el arriba firmante, quisiera manifestar mi decepción por el estado de tan singular avenida.

El Paseo Tollocan está que se lo lleva la tristeza (levanten la mano los que coincidan con esta peregrina idea).

En los carriles centrales el pavimento está lleno de parches. Y donde no hay parches hay agujeros. Sólo en algunos tramos bien identificados se encuentra en buen estado.

Los camellones tienen el pasto de un tamaño más o menos regular, de modo que los que tenemos vocación bucólica pensamos en que se podrían engordar fácilmente algunos hatos de ovejas. Claro, siempre y cuando no se pierdan entre la basura que arrojan los vecinos en distintos puntos de la zona comprendida entre el Museo Torres Bicentenario y San Mateo Atenco.

Y los conjuntos monumentales que construyó el sin par arquitecto Pedro Ramírez Vázquez están dados al catre. La Fuente del Sol y la Fuente del Rehilete —de fuentes ya sólo les queda el nombre—, hechas de tezontle rojo encendido, ahora están verdes por la maleza y el pasto que los ha ido cubriendo con el paso de las semanas.

Las piezas escultóricas que componen esos conjuntos están expuestas al deterioro, por la falta del mínimo mantenimiento.

Como diría el filósofo Martinolli: “una verdadera vergoña”.

Lo del pasto y los monumentos seguro tiene arreglo. Porque lo más preocupante es el estado del pavimento, dado que desde mediados de la década pasada hay un contrato de estos de asociaciones público-privadas, denominado Proyecto para la Prestación de Servicios en el que el gobierno estatal le paga 40 millones de pesos mensuales a una firma denominada Empresa Mexiquense Conservadora de Vialidades, S.A. de C.V., subsidiaria de Prodemex, para que le de mantenimiento al Paseo Tollocan. El contrato es por 20 añitos y parece que terminará en 2034.

Un documento de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público sugiere que del contrato se desprende una deuda que se extiende a 60 años y que esos pasivos por pagar suman la friolera de mil millones de pesos.

No sé que se podría hacer con 40 millones de pesos mensuales, pero sí se antoja que es suficiente para que el Paseo Tollocan estuviera en mejores condiciones. Algo así como para estar orgullosos y presumir el inmaculado estado de la cinta asfáltica de la puerta de entrada —y de salida— de Toluca. Pero no. Sabrá Dios a que se destinan 1.3 millones de pesos diarios.

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