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Rara avis

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La gobernadora Delfina Gómez Álvarez es una “rara avis” en la política mexicana.

Los políticos y políticas mexicanos son ambiciosos: buscan el ascenso continuo y usan su posición y encargo como una escalera permanente. Centralizan el poder y el control en círculos reducidos, con un estilo de mando vertical. Históricamente practican el caudillismo. El individualismo. Se sostienen en el poder a través de estructuras que permiten la movilización, negociación y control político. Desconocen de fondo el pragmatismo, la coherencia y la congruencia. Suelen convertirse en personas arrogantes, vanidosas, altaneras y patanes. Tratan a la gente como si fuera parte de “su” rebaño. Viven en la demagogia.

Muchos políticos y políticas mexicanos le hacen justicia a lo que en 1938 escribió José Rubén Romero sobre la profesión de déspota en “La vida inútil de Pito Pérez”: primer año: ciclo de promesas, sonrisas y cortesías para los electores. Segundo año: liquidación de viejas amistades que le recuerdan el pasado y creación de un consejo de lambiscones. Tercer año: perfeccionamiento del delirio de grandeza. Cuarto año: arbitrariedades y despotismo absoluto.

La gobernadora mexiquense se sale de la regla general. Sus actos y hechos muestran un contraste evidente con lo que la sociedad considera normal en los políticos.

Y ocurre así, pese a que algunos de sus colaboradores llevan a cabo las prácticas propias del culto a la personalidad, con argumentos como la seguridad, la importancia del encargo o el medieval respeto a la investidura.

La gobernadora mexiquense cruzó ya los tres años de gobierno. Y lo hace con un alto nivel de aprobación ciudadana de entre el 60 y el 69 por ciento, según diversas encuestas publicadas en este mes de septiembre de 2026, ocupando un lugar que pocos gobernantes pueden presumir.

Además, su partido ejerce un control territorial predominante. Delfina Gómez gobierna con una amplia mayoría en la Cámara de Diputados, donde su partido detenta 52 por ciento de los escaños y sube hasta 74 por ciento considerando a sus aliados. Cuenta con 70 presidentes y presidentas municipales de Morena; con sus aliados, suma un total de 99 alcaldes y alcaldesas, configurando cuatro quintas partes de los municipios mexiquenses. Aún así, en vez de aplastar, acorde a su formación, Delfina Gómez elige convencer.

La debilidad de la oposición se ha convertido indirectamente en otro de sus activos. Si bien PRI y PAN cuentan con espacios geográficos y políticos, además de personajes bien identificados, todavía no han sido capaces de construir una alternativa convincente y fiable. Menos lo hacen las fuerzas políticas emergentes, costosas y fugaces. Las críticas a su gobierno se disuelven por sí solas, además de que muchas responden a lucros perdidos.

Ordenada y meticulosa, sencilla y pulcra, alejada de la extravagancia o el escándalo, la gobernadora Delfina Gómez tiene por delante tres años de gobierno y en el corto plazo una elección, la de 2027, que le exigirá un liderazgo que se traduzca en la conformación de una oferta de gobierno que se aleje de la improvisación, la revancha y el aprovechamiento, y proporcione firmeza, solidez, equilibrio, respeto y seguridad, virtudes que no se contagian ni dimanan automáticamente de la gobernante.

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