Es imposible evitar de forma artificial la lluvia, pero podemos disminuir su intensidad

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De acuerdo con Juan Pérez Domínguez, responsable del Observatorio Meteorológico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), científicamente, está comprobada la posibilidad de modificar el comportamiento natural de las nubes respecto a la conducta de las lluvias, sin embargo no existe un control total de este fenómeno natural.

(Foto: Manuel Luna).

Lo que comúnmente se conoce como bombardeo de nubes utilizando alguna aeronave, refiere en realidad a la siembra de nubes, es decir, con la ayuda de un avión o avioneta, se pueden depositar sobre las nubes compuestos químicos, que no evitan las lluvias, por el contrario, provocan la nucleación de cristales de hielo a partir de las gotas de agua, y provocan que llueva.

Esta práctica, se lleva a cabo desde los años 40, y es utilizada para controlar en cierta medida la lluvia en zonas donde regularmente no llueve, o bien, para disminuir la intensidad de las lluvias pronosticadas para un día en específico, es decir, que la lluvia de un día, se distribuya en dos o más días.

Además de la anterior, la práctica de hacer explotar petardos o cohetones de alta potencia,  puede ayudar a disminuir la intensidad de las lluvias para prevenir fuertes granizadas, ya que las ondas expansivas del sonido, rompen y dispersan las nubes, sin embargo, tampoco evitan la caída de las lluvias, solo disminuyen su intensidad.

Y a decir del experto, Pérez Domínguez alerta que el resultado de estas prácticas, se puede confundir con los efectos de la dirección y velocidad del viento en esta temporada, ya que es el viento, quien de manera natural si evita la caída de lluvia, al trasladar la nubosidad o disiparla, además, de que en los últimos años se ha mostrado una variación en las fechas respecto a la temporada de lluvias y una de las razones podría ser el cambio climático.

Como anecdotario, China es uno de los países que más bombardea o siembra nubes, en 2006, apagó un incendio que abarcaba 8,300 hectáreas, y en 2008 previo a la inauguración de los juegos Olímpicos de Beijing, provocó lluvia para disminuir la contaminación y para tener un día tranquilo y sin lluvia el día inaugural de la máxima fiesta deportiva.

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