Fox, lengua larga y pensamientos cortos

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Decir groserías para algunos significa falta de educación mientras que estudios de revista como Psychology Today aseguran que beneficia en cuanto a la manifestación de sentimientos. Pero, ¿qué pasa cuando las groserías se usan de argumentos?

La referencia es a Vicente Fox, el expresidente panista famoso por sus botas y cinturón quien el fin de semana dijo que el aspirante opositor a la presidencia quería llevar al país muy lejos de aquí.

¿Qué le cuesta al exmandatario pensar en lo que le disgusta concretamente del adversario político de moda?, ¿o al menos preguntar entre sus asesores algún dato o hecho del supuesto destino que le espera a México?

El problema no es que el guanajuatense diga groserías sino que las use como argumentos dando pruebas a su pobreza intelectual y suposición de que los mexicanos así entendemos más fácilmente o mejor.

Asimismo, el exmandatario Fox puede creer que con palabras altisonantes tendrá mayor presencia en los medios e influirá en el electorado. Pero su tiempo ya pasó.

Él mismo personificó la alternancia política en México y con ello la posibilidad de cambiar las formas de la política y gobernanza pero no lo hizo.

Sus opiniones y acciones hoy lo condenan como su lengua larga y pensamientos cortos.

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