Geólogos detectan un terremoto tan profundo que debería ser imposible

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Un equipo de geólogos detectó un terremoto ‘imposible’. Se trata del más profundo jamás registrado, a 751 kilómetros bajo la superficie. Eso indica que se originó en el manto inferior, una capa de la Tierra donde las rocas suelen deformarse por la intensa presión, lo cual no permite que se rompan ni liberen ondas sísmicas, esto de acuerdo con el portal de ciencia y tecnología, Agencia ID.

Es el terremoto más profundo jamás registrado: más de 750 kilómetros bajo tierra, donde se supone que los sismos no deberían ocurrir (Foto: Especial).

El descubrimiento contradice el conocimiento convencional sobre las capas donde se originan los terremotos. La investigación de varios años fue llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Arizona.

El terremoto fue una réplica de uno de magnitud 7,9 en las islas Bonin, Japón, en 2015, pero solo fue posible de detectar en la superficie con una matriz detectora de sismos muy sensible llamada Hi-net.

Según la geología tradicional, la gran mayoría de terremotos se originan a causa de los choques de la placas tectónicas, las cuales transitan entre la corteza y el manto superior. Esta zona es relativamente rígida y fría, por lo que durante la excesiva fricción con otras suelen romperse y liberar energía en forma de ondas sísmicas.

Pero en el manto inferior, a más presión y calor, las rocas tienden a deformarse en el choque.

Transformación mineral

Durante décadas, los científicos han explicado que los terremotos más profundos pueden tener origen en aquellas zonas donde los minerales están cambiando su estructura.

Los minerales se transforman a fases distintas a medida que incrementa la presión y el calor de su ambiente. Un claro ejemplo es el grafito y el diamante, que son disposiciones particulares del carbono, pero que tienen distintos orígenes (corteza y manto) y propiedades (frágil y dura).

Lo mismo sucede con el olivino, el mineral más abundante en el manto. Este se transforma a otros minerales como wadsleyita, ringwoodita y se descompone en bridgmanita y periclasa a mayor presión. Un estudio de 1980, señalaba que en las áreas donde el olivino muta directamente a ringwoodita, este mineral era más propenso a quebrarse y generar sismos a 400 kilómetros de profundidad.

Sin embargo, el terremoto de Bonin fue detectado en una zona mucho más profunda, por lo que hasta el momento no existe un consenso entre los sismólogos.

Un misterio sin resolver

Según el estudio, la región de Bonin es una zona de subducción, donde una placa de la corteza oceánica se ha deslizado debajo de la corteza continental. Por eso los autores sostienen que aquella losa puede haberse asentado en el manto inferior y estar generando suficiente calor y presión para causar una ruptura inusual en los olivinos y, por ende, terremotos muy profundos.

No obstante, Pamela Burney, profesora de geomateriales en la Universidad de Nevada, sugiere que quizás en el manto inferior de aquella zona no hace tanto calor como se esperaba. Así, señala que, pese a estar bajo gran presión, el ambiente frío de la placa subducida estaría impidiendo que el olivino cambie de fase.

Por tanto, el proceso que generó este terremoto continuará siendo un enigma.

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