La tercera te

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Hoy es 20 de noviembre. De 2019. El arriba firmante ya sabe que todos saben la fecha del día de hoy, por lo que no hay ninguna novedad ni cosa trascendental en darles a conocer a mis cuatro fieles lectores —y alguno que otra persona colada o adepta reciente— este dato. Pero es menester hacerlo para entrar el materia: en esta fecha se celebra un aniversario más del estallido de la Revolución Mexicana —nótense las mayúsculas—.

Y aunque por estas tierras toluqueñas la historia consigna que no paso nada, o que no paso gran cosa, el acontecimiento se tiene que conmemorar.

Por fortuna, el gobierno federal ya decidió que habrá desfile en la Ciudad de México, como en los mejores momentos de los gobiernos revolucionarios.

Pero en esta ocasión no me voy a referir ni a los burócratas disfrazados de pants que sudaban la gota gorda ni a los premios nacionales del deporte que se dejaron de entregar.

Sólo quisiera decir que en uno de los pocos estados de la república mexicana donde el partido político emanado de la revolución mexicana aún gobierna —es decir, el Estado Libre y Soberano de México— no tuvimos grandes luminarias revolucionarias. Aunque ni falta que nos hizo.

Me explico: los mexicanos del norte de la república hicieron la Revolución. Vean ustedes si no la lista de generales de la época y verán que los más importantes fueron originarios de aquellos estados, salvo casos contados. 

En el estado de México, según el Diccionario de Generales de la evolución, editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, sí, hubo generales revolucionarios mexiquenses. Pero la mayoría, oscuros y casi desconocidos. El villista Alejandro Acévez. Numerosos zapatistas: Lino Campos, Jesús Capistrán, Concepción Carbajal, Pedro Casa Medina, José Castañeda, Rafael Castillo, Jesús Cázares, Juan Cruz, Epigmenio Dávalos, Rafael Espinoza, Daniel Figueroa, Luis Flores, Silvano de la Fuente, Ignacio Fuentes, Salvador Fuentes, Julián Gallegos, Amado Garza, Manuel Gómez, Everardo González, Salvador Herrera, Juan Linares, Teodoro Lugo, Francisco Mayer, Juan Mejía, Calixto Melo, Crisanto Mendoza, Andrés Meza, Epigmenio Muñoz, Ignacio Muñoz, Isidro Muñoz, Georgino Ortega, Manuel Reyes, Valentín Reyes, Leopoldo Reynoso Díaz, Gregorio Rivero, Dolores Rodríguez, Guillermo Rodríguez, José Rojas, Trinidad Ruiz, Pedro Saavedra Brito, Luis Sánchez Galán, Apolinario Sánchez, Mariano Servín, Román Silva, Román Sotelo, Isaías Tapia, Teófilo Torres, Regino Vega, Amado Zarza y Doroteo Zigui.

Los maderistas José Cruz Rosas y Trinidad Rojas, los federales Rafael Eguía Lis Salot, Benjamín de la Garza, Pedro Ojeda, Eugenio Tanedi, Encarnación Vega Gil y Manuel Velázquez; los carrancistas Emiliano Elizondo, Francisco Enciso Rivera, Enrique Enríquez Rodríguez, Abundio Gómez, Agustín Millán, Pascual Morales y Molina, Crisóforo Ocampo, José Rubén Osuna Pérez y Carlos Tejada; el convencionista Federico Tafoya…

Pero salvo un par de casos bien conocidos, nada extraordinario en sus hechos de armas. Tampoco una batalla de Toluca o de Texcaltitlán o de Jilotepec o de Ocuilán. Sí personajes que influyeron en la vida posrevolucionaria, como los hermanos Abundio y Filiberto Gómez, legisladores como Andrés Molina, firmas como la de Teoloyucan. Pero la lucha armada revolucionaria pasó de largo, aunque se quedó en el gobierno.

La tercera te, que se conmemora hoy. Aunque quién sabe cómo ande su orgullo… el de sus herederos, digo.

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