Sospechoso

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El periodo de intercampañas es un intercambio de acusaciones y descalificaciones. Los tres aspirantes presidenciales, los partidos y coaliciones a las que abanderan, se han dedicado a cruzar señalamientos. La competencia parece ser acerca de quién acumula más faltas, escándalos, casos de corrupción, familiares involucrados en sucesos vergonzosos o colaboradores cuasi criminales.

Pero es más vergonzoso que en vez de aclarar las acusaciones, la respuesta sea acusar a alguien más de cualquier cosa, con tal de desviar la atención.

Como acaba de hacer Ricardo Anaya, que abandera la coalición denominada “Por México al Frente”.

Aunque no existen acusaciones formales y claras en contra de Anaya, sí hay señalamientos de lavado de dinero.

Pero en vez de defenderse, el candidato del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano salió a la ofensiva, es decir, a lanzar acusaciones a sus adversarios políticos, comenzando por el presidente de la república, a quien pidió “sacar las manos de la elección” —frase que es un clásico de la política mexicana en una elección que se precie de serlo—. Aunque no disipó ninguna duda sobre su comportamiento y supuesto enriquecimiento gracias a prácticas por lo menos irregulares.

Tampoco se dijo abierto a una investigación.

Por ahora —tal vez estas acusaciones sean para hacer tiempo y “arreglar” sus números—, Ricardo Anaya es sospechoso de comportamientos contrarios a la ley.

Sea cual sea el final de la historia, el panista sienta un mal precedente. Y nada de aclaraciones.

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