Violencia material y también silenciosa

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Esta semana se publicó el informe anual de la organización Reporteros Sin Fronteras. México se colocó en el lugar 143 de 180 naciones. México se encuentra entre las naciones más peligrosas para desempeñar el periodismo.

La noticia no es noticia. México ha sido caracterizado como una de las naciones con mayores riesgos para el periodismo. Los periodistas muertos y amenazados están ahí para atestiguarlo.

Reporteros Sin Fronteras agrega en su informe que la libertad de prensa ha sufrido un “deterioro dramático” desde que la pandemia de Covid-19 sacudió el mundo: censura, bloqueo, “cierre de accesos” tanto a las coberturas sobre el terreno como a las fuentes de información.

En México, además, “el presidente López Obrador sigue estigmatizando a los periodistas”, señala el documento. Agrega que el gobierno “no ha logrado frenar la espiral de violencia contra los periodistas ni poner fin a la impunidad”.

Es decir, un escenario difícil.

En la Cámara de Diputados se aprobó una ley de protección a periodistas y personas defensoras de derechos humanos, que pretende garantizar la vida y seguridad de las y los periodistas.

Porque cuando uno piensa en los riesgos para los periodistas imagina violentas agresiones físicas. Asesinatos. Amagos. Vigilancia. Ataques disfrazados de atracos.

Aunque las agresiones inmateriales también son frecuentes y constantes. Y probablemente sean un mayor riesgo para la actividad periodística. La violencia intangible también se observa en acciones y omisiones.

Por ejemplo, los señalamientos que el presidente de la república hace de manera constante contra cierta prensa crítica y que han hecho suyos sus partidarios más exaltados.

O, por el lado contrario, el desdén manifiesto de funcionarios, servidores públicos, partidos políticos, instituciones gubernamentales o privadas, candidatos y un largo etcétera hacia los periodistas en general o hacia un grupo, medio o periodista en lo particular. Como señala Reporteros Sin Fronteras, la pandemia ha acendrado este tipo de comportamiento contrario a la libertad de prensa y al derecho a la información. El desprecio, indiferencia o desaire como una forma de atropello.

La comunicación actual es pluralista, heterogénea y conectada; por lo tanto, fragmentada y compleja. Eso ha servido de parapeto para ejercer una violencia silenciosa, pero igual de nociva.

Es verdad que existen intereses de todo tipo para imponer algún grado de control o bloqueo de la actividad periodística. Es una realidad que cotidianamente se emprenden acciones para sofocar la información y comunicaciones. Pero también que en el imaginario colectivo el periodismo tiene una naturaleza libre y libertaria, difícil de controlar y orientada a tener una participación fundamental en la vida democrática. Así es. Y así será.

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