¿Y las estatuas, apá?

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Hace ya largos seis meses supimos que se habían robado los bustos de Jesús Reyes Heroles en la inacabada avenida que lleva su nombre.

En cascada supimos que también habían desaparecido placas conmemorativas, parte de conjuntos escultóricos y después atestiguamos el robo de estatuas completas.

Hasta ahorano sabemos a ciencia cierta quiénes fueron los responsables y tampoco cuál fue su propósito, aunque adivinamos que se trataba de fundir y vender al mejor postor el material metálico.

Pero por sobre conocer a los responsables, está la imperiosa necesidad de recuperar el patrimonio público, histórico, arquitectónico y escultórico que fue robado.

Es urgente saber si hay un plan para hacerlo. No sea que nos vaya a pasar como con aquel busto de Carmen Serdán de la avenida Isidro Fabela que desapareció un día y han pasado décadas sin que regrese a su lugar. O como con las cabezas de águilas estilizadas que nos mostraban la ruta de la independencia y que se perdieron o desaparecieron por obra y gracia de quién sabe quién.

No es un asunto menor. Además del costo que tuvieron para el erario público, tienen un valor histórico e identitario. Sería incómodo comprobar que en esta como en otras responsabilidades de la administración pública hay desinterés.

Porque lo que se perdió no es columpio de un parque o una coladera de hierro macizo.

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