Tollocan, de nuevo

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Cuenta la leyenda que hubo un día una vialidad hermosa, envidia de muchas ciudades, llamada el Paseo Tollocan.

Dicha vialidad sigue ahí. Pero la de la leyenda se la cargó Pifas hace un titipuchal.

Las fuentes brotantes —que no sé quien fue el primero que les puso así, porque todas las fuentes brotan— están enterradas por unas toneladas de tierras, las matas de colas de zorro fueron cortadas de raíz, los anuncios que simulaban papel picado con el nombre de la vialidad se deben haber vendido en el fierro viejo. Se construyeron pasos a desnivel. Se desplazaron los monumentos a Zapata y a Cristóbal Colón. La Glorieta a Francia terminó como prolongación de un camellón que de tan bajito es usado como retorno por motociclistas y taxistas.

Pero del Paseo Tollocan aún queda la identidad en la médula de los habitantes de Toluca y sus alrededores.

Por eso es que hoy el arriba firmante suscribe la propuesta del periodista, escritor e investigador Alexander Naime Libién de que nuestra egregia Cámara de Diputados o el insigne ayuntamiento de la capital mexiquense se erijan en verdaderos adalides y tengan a bien decretar que el Paseo Tollocan es Patrimonio Natural y Cultural Estatal Protegido, a fin de que se conserve y recupere su belleza.

No sé si estará bien que le devuelvan lo de Paseo Tolocan, porque luchar contra la costumbre sería cosa de titanes. Pero de que debe hacerse algo legalmente para evitar ocurrencias, ahí sí no hay vuelta de hoja. ¡Ea, pues, señores ediles o diputados, ahí tienen una chambita!

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