Alfeñique

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No sé en qué momento se institucionalizó la Feria del Alfeñique, pero sí sé que a finales de los ochentas o principios de la década de los noventas ayudó enormidades que se hicieron populares los intercambios de calaveras en escuelas de Toluca, de todos los niveles, orígenes, colores y sabores. Y hoy, casi no hay escuela que no se precie de serlo que promueva los intercambios de calaveras.

Ignoro qué porcentaje de las ventas de los artesanos del alfeñique y el chocolate significará la venta de calaveras destinadas a los intercambios, pero supongo que es muy alto.

Porque la instalación de altares de muertos ya no es tan común como en el pasado. Y en el pasado se utilizaban más figuras como borregos, venados y ejemplares de otras especies, que calaveras. Quiero pensar que se trataba de trabajos que eran más apreciados.

También creo que la calavera elaborada en chocolate también significó el despegue de la Feria del Alfeñique. Porque no sé de los gustos de mis estimados cuatro lectores, pero el arriba firmante no es fanático —ni de lejos— del sabor del dulce de azúcar, clara de huevo, limón y chuacle.

Cuenta la leyenda que Francisco de la Rosa fue el primer productor reconocido y autorizado de alfeñique en Toluca. En el año de 1630 comenzó la producción del dulce de alfeñique, cuando este toluqueño solicitó y recibió la autorización de la monarquía española para la producción del dulce.

Pues nunca se imaginó lo que iba a causar. Pero ahí está, a lo largo de este mes, el fruto de su petición al rey de España.

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