De muertito

0
85

Nadar de muertito. Sin esfuerzo. Dejándose llevar por las olas del mar o las ondas de la alberca. Sin mover ni un músculo. Si acaso un gesto para evitar los rayos del sol.

Toda proporción guardada, así es como andan algunas autoridades municipales ante la pandemia de COVID-19. La propia pandemia es el mejor pretexto para no hacer nada. O lo menos posible.

.

Y no me refiero a que anden por ahí con la espada desenvainada, haciendo que la gente utilice el cubrebocas en el espacio público o guarde la sana distancia. O evite los amontonamientos o se agolpe en los centros comerciales. O que impida que se desarrollen partidos de futbol “llanero” o que disipe las fiestas y reuniones familiares.

No, mis estimados cuatro lectores. Siento por esta vez no complaceros.

En primera, porque en este país lo que hace la mano hace la tras. Y todos sabemos que el gobierno federal ha preferido la tesis neoliberal de que todo se regula solito: los mercados se autorregulan, el tipo de cambio también y la gente no es excepción. Nada por la fuerza, todo por la razón. No es necesario obligar a los mexicanos a confinarse, tampoco a usar los tapabocas o guardar una distancia segura.

En segundo lugar porque ya está plenamente comprobado —ahí están los españoles y los argentinos como ejemplo— que un vez que se acabó el confinamiento, es punto menos que imposible que la gente regrese a una cuarentena.

Así que lo que queda es establecer bases o códigos de conducta que permitan que la pandemia esté bajo control. Que los casos se identifiquen, que haya camas de hospital y ventiladores para quienes lo necesiten y que, en su caso, haya vacunas suficientes.

Pero ahí es donde nadar de muertito es un despropósito de los presidentes municipales, síndicos, regidores, directores y demás jefes que —viven de la ubre gubernamental— tienen alguna responsabilidad pública. No van a ir a multar al de la liga de futbol de El Seminario por organizar partidos los domingos ni van a obligar a la familia a suspender la comida de cumpleaños o clausurar el restaurante porque tenía gente esperando en la puerta. Pero sí pueden asegurarse de que en esos y otros casos —tanto como su imaginación se los permita— se cumplan normas mínimas que impidan la propagación del coronavirus SARS-Cov-2.

Pero que tampoco exageren porque hay algunos que al amparo de la enfermedad llamada COVID-19 prefieren prohibir todo, porque es más sencillo y da menos trabajo que regular, conducir, orientar y hacerse presente, generando confianza y tranquilidad.

Sé que es mucho pedir. Si en cosas sencillas como reparar una lámpara del alumbrado público no pueden —como el gobierno de Juan Rodolfo Sánchez Gómez en Toluca, al que llevo 10 meses pidiendo que compongan una luminaria de mi cuadra—, menos en tareas que requieren más imaginación que instalar un anuncio de “pónganse en cubrebocas” o “estamos en semáforo anaranjado” y aparentar que ya con eso trabajan en la prevención.

Prevención es acción. Flotar lo puede hacer cualquiera.

Comentarios

comentarios