Tener clase

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En su muy gustado ensayo titulado El Sistema Político Mexicano, el muy reconocido economista, historiador, sociólogo, politólogo y periodista Daniel Cosío Villegas apuntó que las dos piezas esenciales y características del sistema político mexicano —valga la redundancia— son un Poder Ejecutivo con facultades de una amplitud excepcional y un partido político oficial predominante.

Las cosas han variado un poco desde que el mentado ensayo fue publicado, allá por el año de gracia de 1972. Especialmente en lo relativo al partido político oficial predominante, al que los analistas serios de hoy prefieren llamar partido hegemónico —y los ramplones le decimos “el partidazo”—.

La predominancia se acabó cuando desaparecieron las mayorías absolutas. Y lo de oficial murió desde Ernesto “No traigo cash” Zedillo, que tuvo a bien poner “sana distancia”, aunque en la actualidad en el país se revivan alguna prácticas políticas previas a la era neoliberal.

El Poder Ejecutivo mantiene facultades excepcionales. Acotadas en los últimos años, ciertamente, pero peculiares y extraordinarias. Nos puede gustar o no: nuestro sistema político tiene adn priista. Y este conserva formas y estilos que no se abandonan ni se olvidan de la noche a la mañana.

Todo este prolegómeno es para decir que en la ceremonia por el cuarto informe del gobernador Alfredo del Mazo Maza, en palacio de gobierno, el arriba firmante —estratégicamente ubicado en gayola— pudo comprobar que hasta los más rancios representantes de la cuatro té se conducen con las mismas maneras que durante un cuarto de siglo éste observador ha observado en estas ceremonias. 

Gestos y mimos inalterables. Ciertas normas no escritas que dan carácter a la clase política. Pero a la clase política en serio: la que sabe lo que vale retener un nombre o el significado de soltar una anécdota a tiempo. La que conoce el poder de un apretón de manos o de la promesa de una llamada telefónica. La que domina el arte de dar una palmada generosamente cicatera. La que comprende lo que significa el espléndido muletazo con mucha mano izquierda. La que practica la fecunda ciencia de dar trato de majestad a su más nimio interlocutor. La del guiño, el mimo y el arrumaco. La que se mueve como pez en el agua entre tantos egos y sale indemne.

En contraste, desde luego, con los políticos de medio pelo o funcionarios que se aturden, jactanciosos, convencidos de que es a ellos a quienes se les tiene que rendir tributo por ocupar un perecedero encargo. Con los que practican el mohín del desquite. La clase se nota.

Porque la convocatoria del gobernador Del Mazo a su cuarto informe fue amplia. El acto aglutinó a peces gordos y otros esmirriados. De todos los colores y condiciones. En el sistema político mexiquense, el Poder Ejecutivo mantiene el temple.

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Sirva este espacio para hacer un reconocimiento al equipo mexicano, emanado del prestigiado Club Toluca, que nos representa Campeonato del Mundo por equipos e individual Young Seniors 45+ de la Federación Internacional de Tenis. Enhorabuena a Alejandro Pérez, Raúl Soto, Juan Pablo Quero y Miguel Ángel Arriaga.

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