Discriminación étnica está en uso del término «indígena»; hay que quitarlo, pide investigador

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La identificación y denominación de ciertos grupos de mexicanos como «indígenas» promueve el racismo, pues los objetualiza, afirmó Alfredo Nava Sánchez, profesor-investigador de la Universidade Federal de São João del-Reide Brasil, en la conferencia «Racismo y patrimonio nacional en México. Formación de la identidad nacional y construcción de la diferencia entre los siglos xixy xx» que impartió en el Aula Mayor Ignacio Pichardo Pagaza de El Colegio Mexiquense, A. C.

Alfredo Nava Sánchez, de la Universidade Federal de São João del-Rei de Brasil, ofreció conferencia sobre el racismo y el patrimonio nacional en EL COLEGIO MEXIQUENSE, A. C. (Foto: Especial).

El especialista en racismo se pronunció en contra del sustantivo «indígena», al que pidió excluir de la Constitución por tratarse de una palabra que es herencia de la Colonia.

Explicó asimismo que las actuales manifestaciones de diferenciación entre individuos por la posición social, económica o por el fenotipo, tan erróneamente denominado como «raza», tienen su origen en la conformación estructural de la sociedad en distintos momentos de la historia; sin embargo, fue en el siglo xixcuando nacieron los términos «racismo» e «identidad nacional».

Nava Sánchez dijo que ambas expresiones fueron y son promovidas por el Estado; en el primer caso, para discriminar al indio vivo y, en el segundo, para venerar al indio muerto.

La diferenciación entre una y otra expresiones se ha dado mediante el reconocimiento visual de la vestimenta, ritos y costumbres, que permiten identificar el pasado y las raíces de México y hacen sentir orgullosos a los mexicanos de hoy, lo que sin embargo contrasta con el trato que se da a esos grupos indígenas, precisó.

Desde el punto de vista de las Ciencias Sociales, como la antropología, esta situación se entiende como un choque de culturas entre las sociedades que habitan ciertas zonas del país, como la zapotecos en Oaxaca o la mayas en Yucatán, por un lado, y las sociedades que adoptaron los ordenamientos de los colonizadores, por el otro.

Invitado por el Seminario de Historia Contemporánea de El Colegio Mexiquense, A. C., Nava Sánchez, quien es maestro por la unamy doctor en Historia por 
El Colegio de México, explicó que durante el periodo que abarca los siglos del xvial xviiihubo una nobleza indígena que tuvo una gran participación en la vida pública, pero, a partir de la diferenciación que se hizo en el siglo xix, las instituciones buscaron quitar la característica de «indígena» sin comprender que los mexicanos a quienes se aplicó el término pertenecían, y pertenecen, a formas diferentes de organización social.

Se refirió críticamente al caso de Yalitza Aparicio, la protagonista de la película Romaen la que interpreta el personaje de una joven que atiende las labores domésticas de una familia de clase media alta en la Ciudad de México y desarrolla lazos afectivos con sus empleadores, lo que impide ver la explotación que padece por parte de estos, al tiempo que se identifica a la actriz como la profesora de preescolar que sale de Oaxaca para integrarse a otro tipo de sociedad, lo que contradice la percepción social del indígena, quien no tiene un lugar en el modelo de asociación impuesto por el Estado mexicano.

Este tipo de situaciones y otras más son detonadoras de enfrentamientos políticos que pueden visibilizar a los indígenas y ayudar a que se respeten las situaciones particulares de grupos que en realidad no son «indígenas», sino mazatecos, zapotecas o nahuas.

Nava Sánchez dijo que el problema de las representaciones nacionales es que silencian y esconden situaciones y hechos que siempre han estado ahí, pues se aplican a grupos que no han tenido voz, de ahí que el trabajo de la antropología sea el de abrirles paso para que sean reconocidos de manera institucional como otras sociedades.

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