El rancio sabor de los nombres

0
154

Admiro a quienes le ponen nombre a los programas gubernamentales, en especial a los programas sociales. También a quienes les escriben los discursos a los políticos. Pero más a quienes bautizan a las acciones gubernamentales. Esos últimos son geniales. No importa el sexenio ni el origen ideológico del gobierno: sin excepción “se vuelan la barda”, para decirlo en los términos de la disciplina deportiva que reina en esta administración.

Los señalo por separado, aunque lo más probable es que se trata de los mismos sujetos y sujetas. Perfectamente entrenados para ser prosélitos pero también pregoneros catequistas.

Comenzaré diciendo que quien haya decidido ponerle “Patria” a la vacuna contra Covid-19 que se supone —no me consta— que se desarrolla en la república mexicana no tuvo ni un ápice de progenitora. Dicho sea con todo respeto para la autora de sus días.

Digo, porque los rusos le pusieron Sputnik V a su vacuna, en honor a su célebre satélite artificial. Y porque cualquiera sabe que desde tiempos de los soviets, lo de los rusos es la propaganda, de modo que la denominación se entiende perfectamente.

En cambio, los laboratorios Pfizer-BioNTech, los de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, los de Moderna o los chinos de CanSino o Sinovac se abstuvieron de bautizar a sus respectivas vacunas. No se llaman vacuna Koch o Jefferson o Mao. Y mucho menos Vanguard 1, Donovan1-Beckenbauer 5, Merck 1913 o Wuhan. Han preferido nombres como tozinamerán o AZD1222 o coronavac, que suenan a cosa seria.

Pero en México a la hora de buscarle un nombre a la vacuna alguien dijo “pongámosle Patria”. Y como nos encanta el atole con el dedo, a los que toman las decisiones les gustó la connotación exaltada y ferviente del asunto. Se le quedó el nombrecito, aunque seguramente a los científicos que trabajan en el asunto nadie les pregunto si querían que llevara su nombre, su apellido o el del centro de investigación en el que laboran. O si querían que se llamara vacuna Morelos 2, por aquello del satélite.

¿Qué me dicen del nombre de los grupos de servidores públicos que andan por la vida preguntando quiénes y cuántos recibirán la vacuna? Han sido denominadas como “Brigadas Correcaminos”. Válgame el santísimo sacramento. No sé qué pensarán mis cuatro lectores, pero el arriba firmante de inmediato pensó en el personaje de caricaturas que atormentaba emocional y físicamente al Coyote. Hasta los oigo silbar.

Aquello de “Servidores de la Nación” también tiene lo suyo. Su connotación doctrinaria es más que evidente. Están a caballo entre “Los Sentimientos de la Nación” y unas computadoras muy potentes, pero con chalecos bordados.

En todos los casos, me han hecho recordar aquellos libros escolares de la época cardenista con los que pretendía impregnar una serie de valores de partido y gobierno, y los libros de texto gratuito que les siguieron, que rezumaban priismo en cada letra. Así ahora. Pero con un cierto sabor rancio de no sé qué que qué sé yo.

Comentarios

comentarios