Ungüentos

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Estamos en plan revisionista de la historia. Algo que está de moda en el mundo.

Hace apenas unos días, lo que en México durante siglos la historia conoció como “La Noche Triste” se transformó en “La Noche Victoriosa”.

Por mencionar un par de casos, en España llevan años discutiendo el destino de El Valle de los Caídos, del que recientemente exhumaron los restos del dictador Francisco Franco. En Estados Unidos se sigue discutiendo el uso de la bandera de los confederados —esclavistas— y se han retirado estatuas alusivas a militares que participaron en la Guerra Civil en el bando sureño.

Ahora mismo está en el debate la instalación de una estatua de una mujer indígena en vez de la de Cristobal Colón en la Ciudad de México.

El arriba firmante no sabe qué ganaremos —o qué perderemos— los mexicanos de a pie con los cambios que se introducen en la historia nacional. Sí, los mexicas le ganaron aquella noche una batalla a la coalición hispana-indígena que comandaba Hernán Cortés, pero perdieron la guerra. Eso no ha cambiado, aunque la denominación de ese episodio se modifique.

Me pregunto: ¿Qué dirá nuestra historia y qué ocurrirá en nuestra vida contemporánea si desaparece la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma en la capirucha? ¿Será que con estas acciones nuestros pueblos indígenas tendrán —por arte de magia— una mejor forma de vida, mejorará la distribución de la riqueza y se les dejará de ver por encima del hombro? ¿La nación mestiza que es México reivindicará a los náhuatls descendientes de aquellos mexicas y abominará de los tlaxcaltecas y otomíes —entre otros— que se aliaron con los españoles?

Lo ignoro por completo. Supongo que algunas buenas conciencias se tranquilizan, y acaban sus remordimientos, con la sola idea de que en vez de una estatua de Colón se instale la de una mujer indígena. Nomás que ahora hasta se polemiza por el hecho de que el escultor elegido para crear ese monumento es hombre y mestizo-blanco.

El “oficialismo” actual tiene la meta de re-escribir la historia de acuerdo con sus parámetros ideológicos, que no son mejores que los anteriores, que hicieron priistas a Huitzilopochtli y el Cura Hidago.

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Hablando de la historia, hoy celebramos la ceremonia del grito de Independencia, fiesta que hace poco más de un siglo introdujo al calendario el dictador Porfirio Díaz, que celebraba su cumpleaños el 15 de septiembre. Y lo celebraba con un sarao de muy padre y señor mío, que se quedó como una bonita costumbre que se prolonga hasta estos días. Porque la historia cuenta que el acto histórico que conocemos como “grito de Independencia” se produjo la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Porfirio Díaz sigue siendo el dictador que fue derrocado por la Revolución Mexicana, y lo que comenzó como su fiesta de cumpleaños sigue siendo una fiesta cívica con verbena popular, guateque y bailongo —sólo suspendida por esta era del coronavirus—.

Mexico y los mexicanos no cambiaremos demasiado con esta inclinación al “revisionismo”. Puros afeites y ungüentos. Maquillar lo que somos.

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