Urbi et orbi

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Se fue el papa Francisco. Y no hizo ni intercedió para lograr los milagros que algunos esperaban.

No recibió a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, tampoco censuró al gobierno federal o lanzó duras críticas a la pobreza o la condición de violencia, la inseguridad, falta de oportunidades económicas o la corrupción.

Los que pensaban que vendría con la espada desenvainada se han quedado con un palmo de narices. A los que cuestionaban su presencia en México ya les debe haber vuelto el alma al cuerpo. Los que llamaron “borregos” a los católicos que se desbordaron por ver al obispo de Roma ya deben estar tranquilos. Los que se indignaron por el costo de la visita, ya deben estar haciendo las obras pías que acostumbran, las mismas que reclamaban que se hicieran con la lana que se gastaría en el viaje. Los que esperaban una excomunión urbi et orbi deben estar decepcionados.

Y la mayoría de los mexicanos ya debe haber regresado a la normalidad, interrumpida por la visita del Papa y la atención volcada en su persona, sus trayectos, viajes y mensajes.

No sé si alguien está en condición de asegurar que la visita pastoral del papa Bergloglio fue exactamente como la esperaba. De lo que sí estoy seguro es que habrá docenas de mexicanos que durante mucho tiempo estarán reflexionando sobre las expresiones y enunciados del jefe de la Iglesia Católica. Y también de que algunos de los destinatarios de los mensajes estarán de los más campechanos, como si la cosa no hubiera sido con ellos. Como siempre.

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